miradas

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de memoria

la memoria es frágil

la memoria es lo que a ella le da la santa gana

 

he buscado fotos hechas desde la cocina al menos un par de veces

me puse a recordar los desayunos mirando la línea azul del horizonte

como hipnotizada

 

en alguna foto de interior, la realidad me devolvía el golpe

también había un hule morado con lunares blancos

que le hizo el fondo a los cuadernos sucesivos,

una y otra vez

un desayuno y el siguiente

 

otra foto de interior y aparece el azucarero pato amarillo

las paredes verde chillón

los asientos pegados a la pared, acompañando la esquina

en una interpretación libre de los sofás marroquís

 

la tetera junto a la ventana con las hojas del poto saliendo,

desparramándose sobre el fregadero, enmarcando la imagen del azul afuera,

con aquella especie de muñeca de hierros y papel

que se despertaba todos los días bailando sobre la tetera

sobre el agua del grifo

sobre su selva de potos

 

la niña de papel y de hierro que me retaba cada mañana

me invitaba a dejarme ir

sacar los ojos de los lunares

de los cuadernos

del café

del aceite en lata de cuatro litros

de las tostadas de un pan que se llamaba galleta

y había que cortar por capas

 

mezclas imposibles

galleta y aceite de quién sabe qué olivos, envasado en catalunya comprado en un freeshop de un pueblo que se llama Chuy

pueblo doble

 

la memoria inventa

la memoria vive como se le canta

 

me había olvidado de los tejados inmensos, de la multitud de edificios que había

entre mi desayuno y el río-mar

 

alambre papel, salta

alambre papel, salta

que no falte

Yo digo que se llama María. No le hice una foto pero salí a observarla cuando se iba, después de que le dijeran que Ana y Concha viven, en realidad, en la calle de al lado.

María llegó a la puerta y miró para adentro. Me preguntó si conocía a Ana. Giré para mirar a la persona que preguntaba por Ana: gafas lilas, pantalones de chándal morados, camiseta con flores turquesas y violetas… Sí, puede ser verdad que se llama María; de muy pequeña alguna vecina le decía Mariquilla, y a ella no le gustaba. Ahora, cuando va al médico, le dicen señora María. Y tampoco le gusta.

María venía buscando a Ana, que tiene una hermana que se llama Concha.

Son grandes mujeres, muy inteligentes -eso les dice a otras dos vecinas, después de preguntarles si han visto a las hermanas últimamente, si saben cuál es su terraza-.

Hace tiempo que no vengo, hace tiempo que no las veo. El otro día me dijeron algo de Ana; yo no oigo muy bien, ¿sabes? pero me pareció escuchar “que Ana falta, que Ana falta” -la miro y sé que no recuerda muy bien quién le dijo eso, si le pasó o lo soñó-, así que vengo a ver cómo está Ana, si es que no falta.

 

mirando al mar.jpg

tarden cuanto quieran

la tarde es infinitamente más interesante que la mañana.

-disculpen que lo diga, amigas que no están-

apareció, al fondo del fondo de la puerta abierta, la prometida marioneta gigante (ahí justo, ahí donde terminan mis ojos cuando giro la cabeza 120º grados a la derecha). Está sentado, no llego a verle la cabeza -si me esfuerzo y entorno los ojos, adivino una barbilla con una especie de barba en pico, me hace pensar en un Quijote, pero el Quijote no se dejaría estar así, sentado en un taburete alto, con las rodillas dobladas, los brazos doblados hacia arriba en un gesto que dice que en cualquier momento se pone a llorar

sí, papá, no es ninguna de las noticias de hoy, es una marioneta gigante, una marioneta hombre, que parece un quijote si te empeñas y que si lo mueven una vez más se va a poner a llorar.

las tardes son infinitamente más interesantes que las mañanas.

por un oído me llega un debate con acento uruguayo. campaña electoral. plebiscitos. no aclares que oscureces, dice ella. pues eso.

-disculpen, amigas, sé que no prometieron ninguna marioneta gigante, tal vez una virgen, tal vez algún cristo, eso dijeron-

un señor pasa. camisa blanca, cartera en bandolera. se para. mira. una vecina que tampoco está por las mañanas se asoma desde el salón. al lado, la terraza-trastero del cabecero-cama-doble. una señora -camiseta blanca, bolso en bandolera- sale del local donde al quijote lo están trastocando.

aquíllálláquí

entre allá

salir a la calle cada día ...

y aquí

mmm sinpalabras

hay una distancia que anda rondando las cinco cifras

(desde hace como un minuto, hasta antes de eso se parecía bastante a 12.000 km, no sé a cuál de mis yos responsabilizar del robo de más de 2.500, podrían haber sido pesos, euros, dólares, cosa mucho más útil que ir derrochando centímetros a millones)

parada no me hallo

ni mucho ni poco

lo mío son las grandes apuestas

algo como

aprendamos a ser turistas de la ciudad propia

como si la ciudad // como si los turistas // no, no,

pará // no es momento de divagar // no

vamos a definir cuál es la ciudad propia // no

vamos a decidir qué quién es turista dónde

quieta no sirve, no, parada, parada de pie, parada sentada –sirve mezclar idiomas, sí, eso tendrá que servir, aunque esto no se convierta en la mirada de– parada, sin avanzar, sin moverme, sin intentarlo, con parálisis, con el listón tan alto que

entre allá

casa (der)ribándose

y aquí

(der)ribo de panadería(der)ribando pan(der)ribando el pan(der)ribando el pan