turista

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Seviembre

 

Pero habría que ir,

que hacer el viaje.

        En tierras de otros. Ana Becciu

Arraigo. Hoy. Aquí.

Mi adolescencia son recuerdos de un septiembre en Sevilla…

Escalera de Plaza de Armas. Viernes. Espero un amovens que me deje en media hora en una siesta de verano, con aire de sierra. Caliente, será. Pero aire de sierra, al fin.

Periodista y cámara de Canal Sur graban la noticia: sigue siendo verano, sigue haciendo calor, la gente sigue huyendo a otras siestas. Nivelón informativo. Se acerca septiembre, sshhh, ehh, oiga, no sea aguafiestas.  
Barrio. El Rocío. Carnicería ‘Blanca Paloma’. Me había quedado sin yerba –mate–. Hoy. Sí. Justo hoy. Justo después de las pintadas –asesinos, escribieron, che–. Le pregunto al carnicero. Tuvo que limpiar. Vidrios. Pintar. Pared. Nada, bueno, solo que tuve que trabajar más hoy, me dice. No pasa nada.
Oficina. Interior. El gris de siempre. Papeles, solicitudes, nombres, expectativas, tiempo. Otra vez. El gris de siempre. Tratar de elegir. Priorizar. Explicar. ¿Que es real, dices? ¿Que todo es real?, me dice.  No, todo tiene que ser compulsado.

El mapa no es el territorio, recuerdo–

Casa. Infancia. Cajón de recuerdos. Juguetes. Carta de la yaya Maria -1994, 84 años, Sabadell-. Nos cuenta que el jardinet se le ha llenado de molsa -musgo-. Que ahora no sabe cómo lo va a quitar de ahí. Que más valdría que se le hubiera llenado de billetes de mil, que le serían más útiles. Me envía un poema. Leo flos de carré -flores de calle- y viajo a una primavera, otra. Olvido el musgo. Ya no le hacen falta los billetes de mil. Ni de diez.

La previa de septiembre me marea. Me aviva. No me deja profundizar en una historia sola. Abro. Miro. Escucho. Hago. Ordeno. Me disculpan, espero. Las puertas se exponen, como en un escaparate de ‘El precio justo’. Elija, ¿con cuál piensa ganar? Se presentan las tardes enteras, justo antes de la rutina de llenarlas. El calendario vacío, todo por hacer –los días en blanco, esos que tendrán 36 horas, 48, con todas sus noches–.

Los bancos de la calle, que serán. Estarán por llenar, para sentarse. Charlar. Tejer. En todas las plazas.

Septiembre, que todo lo puede.

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entre allá

salir a la calle cada día ...

y aquí

mmm sinpalabras

hay una distancia que anda rondando las cinco cifras

(desde hace como un minuto, hasta antes de eso se parecía bastante a 12.000 km, no sé a cuál de mis yos responsabilizar del robo de más de 2.500, podrían haber sido pesos, euros, dólares, cosa mucho más útil que ir derrochando centímetros a millones)

parada no me hallo

ni mucho ni poco

lo mío son las grandes apuestas

algo como

aprendamos a ser turistas de la ciudad propia

como si la ciudad // como si los turistas // no, no,

pará // no es momento de divagar // no

vamos a definir cuál es la ciudad propia // no

vamos a decidir qué quién es turista dónde

quieta no sirve, no, parada, parada de pie, parada sentada –sirve mezclar idiomas, sí, eso tendrá que servir, aunque esto no se convierta en la mirada de– parada, sin avanzar, sin moverme, sin intentarlo, con parálisis, con el listón tan alto que

entre allá

casa (der)ribándose

y aquí

(der)ribo de panadería(der)ribando pan(der)ribando el pan(der)ribando el pan