cuentos mini

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cosas (más) pequeñas

A pocos centímetros de averiguarlo, las ganas de gritar quién soy crecen. Me calma el segundero girando en la pared amarilla.

Sé cosas que puedo ser: mamá, tiempo, bruja, , miedo, terapia. Cuando leen bruja se ríen. Ella se muerde un labio. Él se aferra al bolsillo de atrás. Es distinto si leen mañana, café, zapatillas. Parecido si tocan noche, desnudo, secreto.

Confío en Sobrino para que me descubra. Viene a merendar, despega un puñado y las esparce sobre la mesa. Las que puede leer, pasan a un montoncito.

Sobrino se acerca, saca un flan. Cuando cierra la puerta me ve. Aislada, sin verso. Me recorre.

– ¡Tío, ven! ¿Cómo se lee esto?

– ¿Qué letras hay?

– Hay una pe… una u…

Me desnuda, me mira de derecha a izquierda, se acerca a mi centro, sus ojos brillan, me reflejo.

– Después una ele… Tío, ¿cómo es?

– ¡¡PULGA!!


Cielo raso, peluches secos.

El martes murieron dos. Luego, alguno más. Desde el secreter, alineados, me despiden.

Los vivos juegan entre las maletas, sin saber.

No me voy porque se estén muriendo. Ni entonces le escribí porque no dejasen de aparecer. Me acostumbré a su llegada compulsiva, a disimular si nacían en el metro.

Me voy, no sé si leyó mi carta. Desisto, ya esperé sus palabras. No sé cuándo volverá, si quedará alguno vivo. Y quiero que sepa.

El portero se encarga, pondrá el veneno esta tarde. Una muerte más dolorosa le hará el trabajo más fácil a Monsieur Déniche. Conservarán su tamaño, los ojos brillantes y huidizos.

Vendré el domingo, antes de tomar el tren. Será fácil. Engancharlos de uno en uno en su pedazo de cuerda. Tirar. Las poleas harán el resto.

Si llega, no los pisará.