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Gente que juega

Juego a ser gris

Juego a ser gris

Juego a ser gris

Juego a ser

Juego a

Coger la carpeta, poner en la tapa –por fuera– el título del asunto. Ya dentro, a la izquierda, lo que no tiene que firmar –pero tiene que leer–. A la derecha lo que sí tiene que firmar –pero con poco que leer–. Clarito. Con sitio. Con nombre. Con cargo. Y carga. Y cargue usté con la carpeta. Que no pesa. Que no es gris –debe ser lo único, aparte de las plantitas navideñas, a las que apenas les queda rojo–. Que pesa. Camine. Pasillo. Suelte. Pase el relevo, deje la carpeta sobre la mesa y sonría, si es que hay alguien en la silla. O deje la carpeta donde dice “Salida” –nunca donde dice “Entrada”, supongo–. Hágalo como pueda, pero pase el relevo, deje la carpeta donde corresponda –nunca le vea la cara a la firmante, nunca sepa si dudó, si leyó, si preguntó, si hablaba por teléfono mientras que–. Pase el relevo. Dé media vuelta.

Camine. Siga las líneas del suelo, gris. Concentre la mirada en la punta de sus pies. Cierre los oídos si no quiere que

Como no quieren hacerlo bien, van a intentar hacerlo mal.

Siga las líneas del cielo, gris. Sonría si se cruza con alguien, evite el contacto directo sincero, canturree, para que se le cierren los oídos cuando

¿Qué? ¿Han salido? ¿O nos van a hacer sufrir una semana más?

No se pare. Un paso más. Otro. Siga las líneas grises de las paredes-vidrio. No mire entre líneas.

Estamos haciendo esto y parece que estamos mandando un cohete a la luna.

Acérquese a su mesa. No mire por la ventana –inteligente, ya no enseña la fachada con vidas, del otro lado–. Póngase los auriculares rápido, antes de

La forma de evitar los conflictos entre la gente es que las máquinas hagan el trabajo sucio.

Juegan a ser gris.

Publicado en El Topo Tabernario, en La gente va diciendo por ahí.