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hora de comer

Entonces se me ocurre que éste es, por supuesto, un buen momento para la Rayuela, qué mejor -queriendo escribir un post queriendo escribir un cuento queriendo queriendo queriendo
Me alejo de las lentejas un instante y vuelvo al nuevo libro viejo. A aquella tercera edición que encontré un día en Montevideo -18, alguna de esas librerías profundas de 18 con una entrada en la que encontrar cualquier idiotez de las que se venden baratas en las estanterías-caja, las que te invitan a entrar y perderte algo más hacia lo profundo, hasta esos vendedores antiguos, mezcla de sinsabor, aburrimiento, un fondo de ojos que no quieren decirte si leyeron o no lo que van a aconsejarte, venderte, insinuarte- y que desde hace más de un mes se pasea -pobre ignorado, esta espera para esto, este viajar para que lo abandonen primero en una repisa luego en otra luego junto a las llaves- por la casa.
Abro.
Huele dulce. Contraste con las lentejas, que esperan -ellas también- en el plato.
(paréntesis, escucho Abrirse para que venga inversión extranjera y fluya de nuevo el crédito es como si estuviera otra vez en Montevideo, sí)

Vuelvo a lo dulce, cierro oídos sin apagar la radio.

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Dudo entre buscar el principio del capítulo -el miedo, capaz, a la frase iniciada, a no entender- o quedarme ahí donde la página se abrió. El principio del capítulo está lejos -el miedo cerca, pero es fácil esquivarlo, es de papel-, dejémonos de aventuras y leamos acá

“de un hombre llevando del brazo a una vieja por unas calles sinuosas y heladas”

Por supuesto Meredith. Meredith rodeando aquel edificio de Los Ángeles en el que la confinaron. Y ellos añadirían Suerte, señora, recuerde que la encontramos al lado de los cubos. Recuerde aquellos dos niños que jugaban, la vieron, a punto de dejar de respirar. No, señora, ya sabemos que no tiene usted ninguna lesión respiratoria, pero en aquel momento estaba a punto de dejar de respirar, como en un ataque de ansiedad de asma de locura casi tapándose la boca con una mano, la otra estirada. Quién sabe de qué se estaría acordando ¿dice que no lo recuerda, que no se acuerda de estar allí sentada en el portal, mirando fijamente a los dos niños, señalándolos pero clavada en ellos como quien vio pasar un fantasma, traspasándoles la piel y la ropa, con la mirada perdida pero muy fija en algo detrás de ellos?
Suerte que los niños la vieron, señora.
Y suerte que nosotros estábamos en camino para recogerlos y llevarlos al Centro. Lástima que no nos dejen mezclar los casos. No podemos hacer dos informes de un solo traslado, y claro está que no podíamos traer a los niños aquí, ni haberla llevado a usted al internado, es obvio que no podíamos hacer algo así. Lo suyo era tan urgente, usted no se acuerda, eso dice, usted no respiraba, así que tuvimos que cambiar el recorrido previsto. No se preocupe señora. Todo quedó bajo control. Avisamos a la centralita, le garantizo que otros compañeros los recogieron más tarde. No señora, no se preocupe. Seguro que no se hizo la madrugada. Seguro que llegaron antes de la lluvia. Seguro.

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tengo

lo que tengo es un sueño que no sé de dónde sale

complicado

sólo de impulso

                             en impulso 

(como éste) 

                             como todos

me siento 

escribo

me invento

y antes de terminar ya quiero deshacer